En la Residencia CK Villafranca hemos dado un paseo por la pasarela de nuestras vidas.
Sabemos que el desarrollo humano está marcado por distintas etapas y que cada una de estas etapas, se caracteriza por tener en común, una serie de cambios físicos y psicológicos, que determinan nuestro desarrollo y la forma en la que nos comportamos.
Hoy hemos estado leyendo una serie de poemas. Cada poema estaba relacionado con una etapa vital concreta y la tarea de nuestros residentes, fue asociar el contenido del poema a una etapa de la vida. A partir de aquí surgió el debate sobre qué momentos habían marcado sus vidas.
Todos ellos estaban de acuerdo en que todo tiene un principio y un final y que las experiencias vividas son difíciles de recuperar. Un grupo de residentes coincidía en que la mejor etapa de sus vidas había sido su infancia, teniendo un recuerdo muy presente.
Contaban que con solo 7 u 8 años ya se dedicaban a trabajar y a ayudar a sus padres para sacar adelante a su familia. Otros tuvieron la suerte de poder asistir a una “escuela particular” por las tardes, después de los quehaceres del hogar, donde aprendieron a leer y a escribir. Señalaban que tuvieron una niñez muy humilde, pues tenían pocos bienes materiales y poco tiempo para jugar, pero, aún así, la recuerdan como una de las etapas más bonitas, porque, aunque no teniendo mucho, tampoco necesitaban más. “Los niños de ahora son muy diferentes a los de antes, nosotros no teníamos nada y aun así éramos muy felices, cualquier cosa la apreciábamos mucho, pero hoy en día tienen de todo”, expresaban.
Otros se quedaban con su adolescencia y juventud y la recordaban como la etapa más bonita de sus vidas, donde conocieron el amor y pudieron formar una familia.
Después de estas reflexiones, leímos el poema de José Saramago titulado “Poema sobre la vejez”,
¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo,
y otros «que estoy en el apogeo».
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Todos fuimos conscientes, que al final, lo que importa no son los años de vida, sino “la vida de los años” y que la vejez también puede ser una de las mejores etapas de la vida.

CALIDAD Y CALIDEZ

UN NUEVO HOGAR

ALIMENTACION ESPECIALIZADA

ATENCIÓN CENTRADA EN LAS PERSONAS